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Congregación Mariana Trinitaria; mi esperanza de recuperación

Mi nombre es Arturo Ilescas Delgadillo. Tengo 39 años de edad. Me desempeño como chofer desde los 18 años y hace 13 años empecé a padecer de lumbalgia. Este diagnóstico lo obtuve tras sentir dolores y molestias en la espalda baja, por lo que acudí al médico. Él me indicó 3 meses de reposo y medicamentos que aliviaron mis malestares en 15 días y pude reiniciar con mis labores normales. Sin embargo, poco tiempo después me viene un dolor muy fuerte que no me permitió manejar ni hacer nada más.

Acudí a ver a un médico ortopedista quien solicitó un estudio de resonancia magnética y resulté con una hernia de disco muy avanzada, pues la hernia había comprimido las raíces nerviosas formando la famosa “cola de caballo”. El dolor ya no me dejaba mover el cuerpo. La opción que dio el doctor era la cirugía. Yo la acepte de inmediato y me programaron de urgencia para el día siguiente en una clínica particular. Luego de operarme me dieron de alta al día siguiente, para continuar en reposo y con medicamento que seguí al pie de la letra.

Tras las revisiones iniciales mensuales en las que me decían que iba muy bien en mi recuperación, en el quinto mes me empezó una molestia y al octavo mes regresó el mismo dolor, por lo que me volvieron a hacer una resonancia magnética indicando el desarrollo de fibrosis que nuevamente comprimía las raíces nerviosas, percatándose además de la presencia de otra hernia entre las vértebras L4 y L5. La única forma de solucionarlo era que me sometiera a una nueva intervención quirúrgica en el Hospital Juárez; me rasparían el hueso para eliminar la fibrosis y eliminarla segunda hernia.

Acudí con un acupunturista tratando de buscar otro medio por el cual aliviar mi dolor, pero no sentí una mejoría, sólo era un alivio temporal; lo único que hacia eran bloqueos con lidocaína y al pasar el rato yo seguía igual. Fue dinero tirado a la basura en un tratamiento que no sirvió.

“En sólo dos sesiones siento que me he recuperado en un ochenta por ciento, mis familiares me encuentran con mucho mejor ánimo.”

Mis dolores eran muy intensos y desesperantes, ya no los aguantaba, no era vida; como con la primera cirugía sentí mejoría, acepté una segunda intervención con el mismo médico. Esta vez resentí más el procedimiento, ya que fue con anestesia general, lo que hizo que mi recuperación fuera más lenta y tardé más para reincorporarme a mis actividades. Acudí puntualmente a mis revisiones, al cabo del tercer mes yo seguía con molestias tras la operación. Uno de los doctores del equipo que me intervino me comentó que el dolor seria constante por 4 ó 5 meses, pues me habían raspado el hueso; sin embargo, el dolor nunca disminuyó, al contrario, en el décimo mes tras la segunda intervención, nuevamente el dolor inicial tan intenso regresó. De nueva cuenta me realizaron una resonancia magnética, la tercera, y resultó que la fibrosis volvía a brotar ahora más fuerte.

Las raíces nerviosas se encontraban no solamente comprimidas, sino totalmente obstruidas, lo único que según los doctores podía hacerse era colocar una prótesis para evitar que la fibrosis volviera a brotar, pero debían quitar un segmento de la columna para liberar la presión. Para ese entonces había gastado ya en la primera cirugía cerca de 40 mil pesos en la clínica particular, en la segunda intervención gaste 5 mil en el Hospital Juárez. Mi situación era desesperante, decían que con una tercera intervención no quedaría dolor o molestias, pero el costo sería alrededor de los 15 mil pesos por la prótesis que me colocarían. Pensando en que tal vez la tercera era la buena acepté ser intervenido nuevamente. Aparentemente al salir de la intervención todo se encontraba bien, pero yo me sentí completamente adolorido, quedé muy lastimado, los dolores no sólo eran fuertes, sino que se volvieron incapacitantes; de hecho, llegué a quedar limitado hasta el 90% de mi movilidad, ya no podía secarme los pies o ponerme los calcetines. Cuando mi papá no podía bañarme, un primo que es enfermero lo hacía cada tercer día. No podía levantarme yo solo de la cama. Me tenían que ayudar para levantarme en 3 pasos, primero colocarme de costado, después sentarme y por último levantarme, con el apoyo de muletas o una andadera. Estuve así durante 4 meses después de la tercera cirugía. Con la ayuda de un corsé especial empecé a incorporarme poco a poco ayudado de muletas y bastón, todo al pie de la letra.

Al cabo de 6 meses ya sentí mejoría, pero no al 100 por ciento porque tenía aun dolores intermitentes. En la noche no podía dormir boca abajo o boca arriba, tenía que dormir de costado apoyado en almohadas y pues era molesto, hasta que poco a poco empecé a hacer a mi modo movimientos, levantándome lentamente; pero aun el dolor continuaba. A los 3 meses comenzó a disminuir, al octavo mes después de la última cirugía sentí un dolor muy fuerte, fui a que me revisarán, tomaron radiografías y dijeron que uno de los tornillos de la prótesis se había quebrado, porque supuestamente yo tenía 3 centímetros más corta una pierna que la otra, según ellos calibraron de la cintura para arriba y no de la cintura para abajo. El dolor no correspondía con el lado donde estaba el tornillo, el lado izquierdo. Para solventar el problema me mandaron a hacer una plantilla especial para nivelar mi postura, sin embargo, me plantearon la necesidad de realizar una cuarta cirugía para extraer el tornillo roto y cambiarlo. Me canalizaron a rehabilitación, donde me dijeron que no era necesaria una intervención más, que sólo con rehabilitación saldría adelante. Comencé entonces con rehabilitación, hago alberca y  terapia fisica, pero no siento mejoría alguna, continúan los dolores de manera intermitente.

Decidí ya no tomar más medicamentos y sólo acudir a revisiones. Debido a los malestares que sentía en el estómago, acudí con una doctora aparte y me comentó que estaba propenso de sufrir una cirrosis medicamental. Mi estómago se mostraba en extremo sensible a cualquier irritante y que mi hígado estaba ya dañado por todo el medicamento que había tomado.

Mi vida se encontraba completamente afectada. Yo estaba moralmente decaído, ya no tenía recursos económicos, tenía muchos problemas; de hecho, mi carácter cambio mucho por lo mismo que yo me desesperaba. Por ya no tener dinero para todo mi tratamiento, tuve que sacrificar muchas cosas, la última vez fue un terreno para solventar mis gastos de medicamentos y los gastos de mis hijas; todo para poder salir adelante. Agradezco que mis padres me han apoyado hasta ahorita y han sido ellos que me han mantenido hasta hoy.

Platicando con mi familia, una tía que vive en Oaxaca le comentó a mi mamá acerca de Congregación Mariana Trinitaria y fue como mi mama me comentó de esta opción. Yo ya no quería saber nada, quería que me dejaran así, yo renegaba mucho de mi estado. Estaba en depresión. Me encerraba y no quería nada más. Entonces mi mamá me volvió a insistir y esta vez ya mi tía había sacado una cita para mí, y me vi entonces obligado… dije… bueno… vamos, no pierdo nada. Así llegue a Congregación Mariana Trinitaria. Me causaba mucha curiosidad lo que planteaba “Medicina Tradicional Integral”, y ‘me entraron ánimos para intentarle’ con tal de salir adelante. Durante la valoración yo quedé asombrado de cómo me atendieron, me tocaron los brazos y las piernas y no aguantaba el dolor, salí bien y al poco rato me desguancé, pero después me sentí más ligero con mejor ánimo. Más alegre. Empecé a hacer más cosas. Sentía la mente más despejada. Me dijeron que es probable que pueda evitar una cuarta cirugía, me pidieron que confiara. Me solicitaron 2 meses antes de que me programaran para la cirugía y que viera yo antes de los resultados. Después de la primera sesión de tratamiento ya podía hacer muchos movimientos que antes no me era posible imaginar, ya me acomodo mejor en la noche para dormir, me siento un poco más confiado. He perdido el miedo, no una cosa exagerada, pero tengo más aliento para seguir y salir adelante.

Tengo más interés para hacer las cosas e involúcrame más en mi entorno. Me levanto más temprano. Me siento más ligero. Hago más actividad. Mi ánimo ha mejorado y ya no me aisló tanto. En 15 días he bajado 2 kilos. Me sorprendo de lo motivado que me encuentro por seguir una rutina más saludable.

En sólo dos sesiones de terapia en 15 días siento que me he recuperado en un 80 por ciento, mis familiares me encuentran ya más recobrado, con mucho mejor ánimo, han notado el cambio que mi vida ha tenido.

Tengo la firme intención de seguir mi tratamiento y no dejar esta esperanza de recuperación que se cruzó en mi vida, yo siento que todo lo que me ha sucedido aquí, han sido para bien.

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